SER UN VARÓN

 

Milena M. Mora


 

Prendo una vela con mucha cautela/ Y afuera escucho el barrio sin saber quién va a morir/ Y es que el destino no está escrito/ Lo escribimos nosotros.


Un varón es una película de drama, escrita y dirigida por Fabián Hernández Alvarado, que hace una presentación de una parte de la sociedad marginada, olvidada por diversos sectores sociales, como el estado y la sociedad misma. Esta película retrata la vida de Carlos, un joven de dieciséis años que vive en un reformatorio para menores y que creció en un barrio bajo de la ciudad de Bogotá, es decir, uno de los contextos más salvajes de nuestro país, porque si bien, vivir en el barrio en la ciudad que sea, implica siempre estar rodeado de violencia, en Bogotá, esto se vive en un estado más voraz, tal vez por la inmensidad de la ciudad, por la cantidad de gente, o por el clima frío, pero el ambiente de la capital se siente distinto al resto de ciudades grandes, todos van más rápido, la inseguridad está más latente, incluso se dice, que la gente sonríe menos, porque es una ciudad que absorbe, entonces la situación es más difícil, sobre todo en los barrios de bajos recursos. Y es justo allí, donde se empieza a contar esta historia, con personajes que en tono honesto hablan de La Calle, de este escenario que es testigo y causante; hablan del peso de la palabra, de que la palabra es respaldo del hombre y que fallar a ella es fallarse a sí mismo. Carlos está en un reformatorio mientras su mamá está en la cárcel y mientras su hermana está en las calles prostituyéndose, porque siempre hay deudas que pagar y porque la pobreza y la delincuencia la mayoría de veces van de la mano. Antes que el macho, está el hombre y antes del hombre está el humano. El humano es sensible, sufre, llora, siente amor y rabia, se desespera, siente (en todo el sentido de la palabra). El macho en cambio, no llora, demuestra poco, el macho pelea, tira los hombros hacia arriba para verse más grande, habla duro y se ríe fuerte. La masculinidad ha hecho desconectar al hombre con su parte más humana para convertirlo en macho, en varón.

Ahora, la masculinidad y la calle, obligan al hombre a derramar su propia sangre y la de otros, a tener la venganza como una causa fundamental, a hacer de su entorno un lugar de guerra, a defender a “su manada” a muerte y a mostrarse fuerte pese a todo. Carlos está en esa posición, por un lado está lejos de su familia y sufre su soledad en soledad, por otro, está metido en negocios de microtráfico, que siempre traen consigo muerte, tiene sobre sí la presión de pertenecer a una banda criminal y de cumplir con ciertos requisitos para poder hacer parte, porque a ausencia de familia, el pertenecer a algún lado es importante, tiene que enfrentarse a otros porque el ego de un macho siempre debe ir más arriba que todo, así esto implique acabar con alguien que también es hijo, como él, de una madre que le ama tanto como su misma madre. Constantemente en el filme se reitera que “hay que ser un varón, hay que ser un hombre”, hay que cumplir con ciertos estándares basados en orgullo masculino para tener valor dentro de esta parte de la sociedad. Sus planos abiertos muestran símbolos que hacen parte del contexto: el grafiti, la suciedad de las calles, las calles vacías cuando Carlos está ante la cámara, solo, todo solo, las calles y él. Planos abiertos que muestran el espacio grande y al personaje pequeño, porque cargar a cuestas con lo que representa el mundo para Carlos no es tarea fácil. La música habla de la vida en el barrio, por eso es inevitable sentir un leve escalofrío cuando los jóvenes en el reformatorio cantan esta canción a una sola voz, y la melodía sale desde adentro, viene de su lado más profundo Hay días en que yo cruzo el barrio/ En pleno tiroteo, él va detrás de mí/ Si me aborrezco a veces de estar vivo/ Y pierdo la esperanza, él va detrás de mí/ Si me confundo y pierdo la fe/ A medio caminar el ángel me dice a mí: "Levántate de la cama, ve y enfréntate a la vida porque tú naciste pa' sobrevivir". En esta estrofa caben cientos de jóvenes latinoamericanos quienes acaban siendo una víctima más de la crudeza de la calle, de la falta de oportunidades y de la indiferencia por parte de otros sectores sociales. Carlos a lo largo del filme lucha con su propia fragilidad para no quebrarse, para no encontrarse con su parte más sensible, porque ser un varón es importante, porque parece que a veces, lo único que importa es tener el respeto de figura masculina, olvidando por completo, que antes de todo se es humano.

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